Había entrado a trabajar a mi primera agencia de publicidad en Buenos Aires. Recuerdo que en esos primeros días, Nata, Mati, Ciro e Ile me preguntaron si iba a comer con ellos, y como un nuevo jamás debe desperdiciar invitaciones a almorzar, fue así que conocí uno de los lugares donde mejor he bajoneado en mi vida: el local de Don Julio.
Me pareció un hermoso sucucho, con tres mesas, lleno de cuadros y algunos objetos muy peculiares, como un calzón enmarcado o la cabeza de un maniquí con sombrero. En un solo ambiente convivían la cocina y el comedor, donde un hombre canoso de pocas palabras cocinaba a un metro de nosotros. Ese era Don Julio, el dueño y anfitrión, un aventurero de la vida con alma de cocinero. Aquel día hubo asado al horno con papas, vino de damajuana y una increíble sobremesa, sintiéndonos como si estuviéramos muy lejos de la ciudad. Los días siguientes nos esperó con guisos, paellas, pollos, más damajuanas y muchísimos orgasmos estomacales. Pero un día cambié de trabajo, y a pesar de que algunos ex compañeros se siguen reuniendo cada tanto en ese lindo lugar, yo no volví.
Tuvieron que pasar dos años para cumplir una promesa que jamás había cumplido. Fue así que un sábado a la tarde me escuché diciendo ¨¡Hola, Don Julio!¨, mientras él ordenaba algunas cosas detrás del mostrador.
Esa tarde me contó algunas historias de su vida que no conocía, y luego de comer increíblemente, me animé a preguntarle si un día de estos podíamos cocinar juntos, a lo cual, después de contarme otra historia, me dijo que sí.

Don Julio. Foto: cortesía Ciro Jaén
En ese mismo ambiente conviven la cocina y el comedor, dando la posibilidad de hacerle el aguante a Don Julio mientras lidia con una cebolla lacrimógena. Foto: goico
Olla exclusiva para frituras. Don Julio no la cambiaría ni por una Essen último modelo. Foto: goico

Condimentos y algunas pociones mágicas. Foto: goico

Un ambiente en donde cada objeto tiene una historia diferente. Si alguna vez van a visitarlo, pregunten sobre ese calzón negro enmarcado que tiene por ahí. Foto: goico

Nació en Uruguay, donde militó hasta que se exilió en Argentina allá por los 70´s. Su alma sigue siendo hippie. Trabajó haciendo wafles en muchos hoteles importantes. Hace vitrales y tiene una gata, Malena, que come y duerme como todos sus comensales. Fotos: goico

Evidencias del lindo bajón en Don Julio. Está en Virrey Loreto al 3200, Buenos Aires Capital. Hace almuerzo y cena, pero no le gusta tener sobrepoblación de comensales, lo pone de muy mal humor. Fotos: goico
10 comentarios:
Maravilloso lugar!!! Adoro ese tipo de sitios donde la comida está brutal y aun por encima, recibes un trato acogedor. Porfa, sigue posteando entradas como estas... Por cierto, ¿cuando puedo conocer a Don Julio?
Gracias, Anónimo!
Definitivamente voy a seguir posteando sobre lugares interesantes a los que voy a bajonear.
Don Julio está siempre en el barrio de Colegiales, excepto los domingos.
Está en Virrey Loreto al 3200. Hace almuerzo y cena, pero no le gusta tener sobrepoblación de comensales, lo pone de muy mal humor. Así que sólo recomienden a quienes se lo merecen.
Muy buen lugar, parece tener halos de melancolía mezclados con un color de carnaval. Quizás pudo Don Julio dibujar su alma en cada plato.
Esperamos nuevas entradas en este blog tan copado Goico.
Su sabiduría y su alma reflejadas en cada comida. Nada mejor dicho.
Gracias Ileana, gracias Max!
Te felicito por el informe de Don Julio, brother! Muy prolijo. Un abrazo!
Gracias Lucas!
Ojalá puedas conocerlo en persona.
Abrazo!
El famoso DON JULIO!!! entre vos y Ile me hablaron tanto de el que ya siento que lo conozco. A ver cuando nos juntamos para compartir una de sus comidas llenas de anecdotas.
Slds!
Goico querido. Como me gustaría comer en lo de don Julio, parece un lugar muy tentador.
abrazos
Juli, no te lo pierdas. Está en Virrey Loreto al 3200. Abrazo!
platos con historias de las que ya no hay. definitivamente voy a tener que pasar por lo de don julio.
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